El bruxismo exige mucho más que aplicar toxina botulínica en los maseteros. Nuestro protocolo comienza con una valoración integral de la articulación temporomandibular, la fuerza de mordida y la dinámica de los músculos implicados. A partir de este análisis, diseñamos una aplicación precisa y personalizada para modular la contracción excesiva, disminuir la tensión y aliviar la sobrecarga, preservando la funcionalidad de la masticación. En casos de hipertrofia muscular, también puede mejorar el contorno del tercio inferior del rostro. Un abordaje médico avanzado que integra función, confort y armonía facial sin alterar la expresión natural.